Siempre me he preguntado ¿Por qué algunos hombres les gritan cosas a las mujeres en la calle?, ¿No se pueden poner en el lugar de los que lo reciben?, ¿Por qué no se les cruza por la mente 'quizá lo que digo es ofensivo'?
Me molestan en la calle desde que tengo 10, 11 años. Claro ese 'molestar' era mucho más caleta. Roces y tocamientos que buscaban parecer casuales (hey, nadie quiere parecer un enfermo) en avenidas congestionadas del Centro de Lima y sobre todo en los buses de inicios de los 90. Recuerdo que una vez un tipo junto a mí estaba con el pene afuera y lo tapaba y destapaba de cuando en cuando con su maletín. Incapaz de decir una palabra para defenderme, adquirí prontamente la capacidad de escabullirme con agilidad de tales situaciones. Un año más tarde, empecé a salir con amigas y amigos, y con ello empezó la femineización de mi guardarropa. Comencé a usar shorts femeninos a los 12 años y para los 13 ya sabía que si quería disminuir las frases o miradas desagradables era mejor evitar usarlos. Entonces comencé a preferir las faldas-pantalones que: 1. No dejaban ver mi figura con tanta claridad, 2. Evitaban que me muriese de calor, 3. Aún me dejaban correr con facilidad.
Claro, aún así molestaban, pero por lo menos el tono era menos vulgar y menos hiriente. Hacia los 15 años estos comportamientos se volvieron muchos más frecuentes y consecuentemente el factor shock de 'oh-por-dios-que-le-pasa-a-este-señor' disminuyó. De esta época data el gratuito "que ricas tetas" que un vendedor de puerta en puerta, me dirigió aparentemente por lo atractiva que mi ancha blusa de mi uniforme de colegio le resultó. A la lista se juntan los infaltables "hola amiga", "estás sola", "hola sobrada". Con la llegada de las combis en los 90 se añadió a la lista de las "cosas que una no quiere oír", el "habla vas" (con un twist flirtero para las chicas), sube, te llevo gratis, y los fugaces intentos de agarre de senos de los cobradores, como la mano en la baja espalda al momento de subir. Para no quedarse atrás, los choferes optaban por voltear a mirarte cada 10 segundos o buscar rozarte accidentalmente la pierna si es que tenías la suerte de sentarte a su lado.
A los 18 años, muy a pesar de mí mayoría de edad, aun no había desarrollado la capacidad de enfrentarme a situaciones como las antes descritas y más bien esperaba que mi ahora muy holgado y muy negro guardarropa distrajera la atención hacia otras mujeres pensaba yo menos precavidas y más llamativas. Pero no. Aparentemente aún había algo que decir sobre mi cara: "Sonríe", "Por qué estás molesta", "Que ojos", "Que linda", "Que seria", "Esos labios", "Que mirada", "Que linda nariz", "No estés triste". O si estaba feliz conversando con alguna amiga: "De qué te sonríes", "Que lindas estas muchachas". Por supuesto, jamás sin escatimar en los "Mamacita", los repulsivos "Ssssss", y los más desafortunados "Que rica esta CSM". No me atrevo a decir que lo único no comentado sobre mi cuerpo por hombres extraños son mis orejas, codos, y rodillas. Después de todo, aún me quedan muchos años por vivir.
Hasta que llegó el día en que le grité a alguien en la calle por primera vez. Bajando del bus, sentí mi mochila abierta y cerca a mí, vi a un chico que se alejaba con lo que pensé era mi billetera. Mi valiente "Oye", resultó vergonzoso al darme cuenta que tenia todo conmigo y que yo había dejado el bolsillo abierto. Claro, me había equivocado, pero finalmente me había defendido y ese era el comienzo. De allí en adelante me pasé repartiendo frases de desagrado a diestra y siniestra. Cada intervención me resultaba tan agresiva que tenía la necesidad de devolverles algo de esa agresión. "Fuera Cochetumare", "Sal de acá viejo imbécil" "Vete a la mierda" y otros refinamientos similares. Un día yendo en el bus con mi hermana al centro, un tipo se paró junto a mi asiento. La escena fue como sigue:
A. Tipo parado a mi costado, pega discretamente su pene a la altura de mi hombro.
B. Bum! Movimiento hace que se de a lugar la sobada número 1.
C. Lo miro con cara de "Oye, consíguete una muñeca inflable pégale un pasamanos en el hombro y déjame en paz"
D. Mirada perdida en el vacío que se lee "Yo estoy aquí viajando nomás"
E. Bum! Sobada número 2
F. Gritando molesta a mi hermana lo suficientemente alto para que todos puedan oír: "Putamadre! Te cambio de sitio que este huevón está tratando de sobar su pene en mi hombro.
G. Tipo todavía con mirada al vacío pero rojísimo. Se aleja de mi hombro. Diez segundos después lo veo pegado al hombro de una chica que duerme tranquilamente.
Me sentí una heroína ese día. Luego vendría el tipo que cortó el asiento de una combi para meter su mano por ella y tocarme, y miles de otros que recibirían mis reacciones hechas de puro hastío, asco e indignación. Mi atenta observación de la conducta humana me llevó a razonar sobre el asunto:
-¿Cuándo me molestan más?
-Cuando más intimidada parezco o cuando mas "lady" me veo
-Obvio, a mayor timidez, mayores probabilidades de no reacción.
-En consecuencia si miro directamente a los ojos con una cara de 'ahórrate unos gritos' a aquellos que están a punto de molestar, quizá yo me pueda ahorrar un par de escenas.
-La abundancia de casos permite criterios de ensayo y error.
-En efecto, funciona.
-Magnífico.
Pero uno no puede andar siempre en estado de alerta. Un día un tipo bastante fornido, y cuyos short y polo blanco sucios lo hacían parecer que venía de haber estado cargando ladrillos, me rodeo con su bicicleta y me dijo con una expresión entre seria y amenazante "que-rica-te-quiero-meter-el-pene-por-el-culo..". Yo que venía razonando y discutiendo conmigo en voz alta sobre el destino de la humanidad, lo miré con cara de "En qué espacio paralelo crees que lo dices: a). tiene algun impacto en mi, b) me intimida, c). se puede llegar a realizar?". En su expresión vi que no registró mi reacción, casi como si viese solo que el quería ver. Una sensación muy extraña la de experimentar la no aceptación de mi existencia como sujeto. Considerando que, tengo 15 años escuchando estas frases, viendo estos gestos, y evitando ser tocada por algún tipo que pensó "hey, allá va una mujer extraña, voy a ir a agarrarle media nalga, un seno, o simplemente sobar mi pene sobre ella"; sé muy bien cómo reaccionar a todas y cada una de las mencionadas circunstancias. Aún así, no dejo de decirme que es injusto que tengamos que lidiar con esto.
[Para los que erróneamente piensan que esto es algo que es hecho sólo de broma, traten de imaginar un mundo en el que la mitad de personas que se cruzan por la calle los miran de manera libidinosa antes de hacerles saber lo rico que les parece alguna parte de su cuerpo y eso simplemente porque ustedes tuvieron la mala idea de salir al espacio público.]